P. Crisogono Sierra

Crisógono Sierra y Velásquez: la leyenda del “Padre Negro” de Atacama

Sacerdote Franciscano que llegó a Copiapó en 1921. Desde libros biográficos e históricos hasta poemarios han sido dedicados a este increíble personaje.

No es para menos, ya que por sí mismo este Fray construyó capillas y levantó cruces en los cerros atacameños, llevando el evangelio desde el mar hasta la cordillera.

En torno a su figura también se tejieron numerosos mitos e incluso, se le atribuyeron poderes paranormales o milagrosos. Lo cierto es que fue un hombre que marcó la vida religiosa en la Región.

Por ello Revista Atacama Viva quiso indagar un poco más en su fabulosa historia, mostrando los mitos y verdades sobre el religioso conocido como el “Padre Negro”. Con el aporte de diferentes historiadores locales, conocimos su vida y obra.

De acuerdo al sacerdote y biógrafo Pablo Renders H., en el libro “El Padre Negro”, Juan de Dios Sierra y Velásquez nació en el pueblo de Robledo, Medellín, Colombia, el 1 de febrero de 1877. Fue el cuarto de ocho hermanos en una familia bien acomodada, aunque profundamente cristiana.

Desde muy pequeño su característica tez negruzca lo diferenció de sus hermanos, pues era el único con ese color de piel, el cual se remontaba hasta un tatarabuelo.

Sierra y Velásquez estudió medicina, ingeniería y leyes, pero su vocación religiosa y su perseverancia le permitieron ser aceptado como estudiante seminarista en Bélgica, a los 33 años de edad, siendo ordenado sacerdote el 20 de agosto de 1916 (recibiendo entonces el nombre de Fray Crisógono).

Mucho antes fue rechazado en el seminario en Colombia por su edad, no obstante, gracias a su insistencia el padre Juan José de Cock, Comisario general de los Franciscanos Belgas en Chile, lo aceptó en circunstancias que visitaba este país. De allí, el Padre Negro fue enviado a Europa.

De acuerdo al biógrafo, una vez recibida su “obediencia”, todos pensaban que el fray Crisógono volvería a Colombia, sin embargo, expresó su deseo de ir a Chile, pues había recibido muchos comentarios que allí “se amaba mucho a la Santísima Virgen”.

Otras versiones menos amables señalan que en Bélgica no era bien visto que un cura negro, con sus manos negras y toscas, le diera la comunión a la gente. Entonces, lo mandaron al Perú, pero por situaciones del destino, el barco se pasó y llegó a Chile.

De acuerdo al historiador Vidal Naveas Droguett, fray Crisógono llegó a Chile en 1920 y específicamente a Copiapó en 1921, formando parte de la comunidad franciscana en el Convento de San Francisco.

Aquí, casi de inmediato alcanzó gran popularidad por su sentido del humor y por el color oscuro de su piel. Era común escuchar sus bromas por su tez negra, y fue justamente por ello que se ganó, cariñosamente, el apodo del “Padre Negro”.

Escritores como José Villalobos Veloso, en el libro “Perfil Histórico de Caldera”, recuerda que mientras estuvo de párroco en Punta Negra, la gente lo veía sacando piedras del campo, arando, sembrando y cosechando con el sudor de su frente. Para los sin casa, el Fray buscaba ramas, hacía barro y construía chozas. Era un cura amigo de los mineros, de los pescadores, de los inquilinos y de los pobres. Además, ofició misas en todas las capillas venideras desde Carrizal hasta Chañaral y en la zona minera, desde Cerro Blanco hasta Pueblo Hundido.

Incluso la falta de religiosidad de este último, lo motivó a construir la ahora tradicional cruz del Cerro Chanchoquín, que fue inaugurada por el Obispo de la Diócesis de La Serena, don José María Caro, en 1938. Desde lo alto bendijo a los copiapinos, y particularmente a quienes le ayudaron a levantar el símbolo que acompaña esta ciudad.

Por otro lado, también se debe consignar que a pesar de su buen humor y humildad, por su personalidad nunca dejó pasar los comentarios malintencionados, quedando para la posterioridad las innumerables veces que debatió o dejó callados a partidarios Radicales, que en ese entonces profesaban un denotado anticlericalismo. 

Según Vidal Naveas, el Padre Negro fue trasladado como párroco de Caldera en 1925. Sin embargo, continuó su misión itinerante, recorriendo diariamente las caletas de pescadores o construyendo sus cruces y capillas. En este puerto, con ayuda y esfuerzo de varios vecinos, levantó un santuario que denominó Gruta de Lourdes, la misma que la voluntad popular terminó llamando la Gruta del Padre Negro, y que hoy es lugar de peregrinación y atracción turística.

Montado en su caballo blanco, a pie o en tren, el Padre Negro recorrió minas, caletas, haciendas, y todo lugar poblado existente en la antigua provincias de Atacama, impartiendo los sacramentos, en una misión evangelizadora, que muchas veces fue criticada hasta por la superioridad de la Iglesia. 

Conocido fue también su talento para la guitarra y su increíble capacidad para sacar melodías del serrucho, con el cual entonaba canciones chilenas y cuecas. Esa misma cualidad artística, propició que el Padre Negro se convirtiera en casi un dirigente espiritual de los “Bailes Chinos”, apoyando su conformación en el Santuario de la Candelaria.

HOMBRE MILAGROSO

Muchos estudiosos de la vida y obra del Padre Negro señalan que fue un vidente u hombre milagroso. Así al menos insinúa Pablo Renders, quien relata variados hechos o situaciones “increíbles”.

Episodios de bilocación y variadas predicciones se sumaron a su leyenda, como cuando una familia camino a Caldera lo encontró en su camino y le ofreció llevarlo, pero él se negó. Luego al llegar al puerto, el Padre ya había arribado hace bastante tiempo, pero ni un vehículo los había repasado; También se anticipó a muertes, lutos o enfermedades, y tuvo sueños premonitorios, como cuando vislumbró encontrar rieles enterrados en el patio de la parroquia en Caldera, y posteriormente los encontró.

No obstante sus asombrosas capacidades, la predicción más famosa fue la relativa al terremoto del 10 de diciembre de 1922. De acuerdo al historiador Tussel Caballero Iglesias, en el libro “El Padre Negro, un cura de alma blanca”, esta hazaña fue incluso celebrada por la prensa de la época.

“La prensa nacional, especialmente las Ultimas Noticias…destacó el hecho que el Padre Negro predijera este terremoto, una semana antes de que ocurriera, y fueron numerosos los testigos del hecho que entregaron sus versiones…incluso, la misma tarde del terremoto, bajó de sus sitiales las imágenes de los santos de su parroquia de Punta Negra”, relata Caballero.

Se dice que entonces, la predicción hecha desde el púlpito de su iglesia fue motivada por el clima de enfrentamiento e incomprensión entre la religión y el pensamiento ateo y radical, estallando por un episodio de ofensa pública contra la Virgen de la Candelaria, durante una procesión.

Pero esta predicción milagrosa, fue solo una de las muchas historias que se tejieron en torno a este hombre, quien lejos de situarse por encima de los hombres y la comunidad, trató por todos los medios y esfuerzos de acercarlos a la fe cristiana.

Prueba de ello fue el esfuerzo titánico de escalar las cimas de los cerros cercanos a las ciudades y colocar en ellas una cruz. “Mudas testigos de estas hazañas son una docena de cruces que corona cerros como la del Bramador…en Copiapó subió la cumbre del cerro Chamonate…en 1923, llegó hasta el entonces Pueblo Hundido, y en un cerro cercano, donde se podía ver todo el pueblo, instaló los brazos protectores de una cruz…lo mismo pasó en Castilla, donde con ayuda de lugareños levantó otra cruz”, señala Tussel Caballero.

El padre Negro también construyó, amplió o readecuó innumerables capillas como la Candelaria de Copiapó, la de Pueblo Hundido y el actual Santuario de la Candelaria, levantado tras el terremoto de 1922.

Ante esta cantidad de hechos y situaciones sorprendentes, y considerando la devoción y fe que despierta entre los fieles surge la pregunta ¿Existió la posibilidad de postular su beatificación u otro tipo de celebración religiosa en su nombre? Desde la Diócesis de Copiapó, el obispo Gaspar Quintana, se refirió a estas inquietudes.

“Este franciscano se distinguió por su espíritu misionero, un apóstol inquieto y preocupado del evangelio. Fue muy querido por su trato y su calidad humana, así como por el testimonio de su vida. En él se mezclan hechos reales como hechos legendarios de cosas que dijo o que hizo. Pero lo importante de él es que el Padre Negro fue un gran misionero, un verdadero apóstol, de una vida sencilla, y preocupado de los pobres”.

En este sentido, respecto a la posibilidad de beatificación, agregó que “hasta ahora no existe ningún proceso. Ahora bien, un proceso de beatificación es largo y complejo, requiere de una etapa previa de un estudio prolijo y en el caso de él, como es un religioso, parece que lo más indicado sería que la Orden de los frailes menores, tomara la iniciativa en una eventual postulación. Por otro lado, en Caldera cada 3 de julio se hace memoria de él con una romería, dando gracias a Dios por el apostolado de este sacerdote en nuestras tierras, una valiosa iniciativa de la comunidad parroquial”.

Tanto era el amor y apego que despertaba este sacerdote, que inclusive tras su deceso ocurrido un 3 de julio de 1945 debido a un infarto cardiaco, se generaron duras y extendidas disputas entre los copiapinos y los porteños para que sus restos fueran sepultados en el territorio que les correspondía a cada sector. Finalmente, el Padre Negro fue enterrado en el Mausoleo del Niño Jesús de Praga, en el Cementerio de Caldera.

Como se señalara, lejos de cuestiones más o menos formales, el Padre Negro de Atacama seguirá siendo motivo de devoción y alegría para miles de cristianos de la región, y su leyenda, - como las cruces de los cerros -, seguirá alzándose imperecederamente.
Por Carlos Zepeda González

© 2018 OFMConv

  • Facebook Social Icon
  • Twitter Social Icon
  • Instagram Social Icon